Por huggo romerom™

CAT (COSTO TOTAL ANUAL)
“SIN ANUALIDAD”, “PAGA POCO A POCO” Y “SOLO PAGA EL MÍNIMO”: LAS FRASES QUE PUEDEN SALIR MUY CARAS
Para una buena parte de la Generación Z, contratar una tarjeta de crédito puede parecer algo tan sencillo como descargar una aplicación.
Te ofrecen una tarjeta.
Te dicen cuánto dinero tienes disponible.
Te prometen promociones.
Te hablan de puntos, descuentos, meses para pagar y, en algunos casos, incluso te dicen:
“Sin anualidad.”
Y ahí es donde muchas personas cometen el primer error:
Confundir que una tarjeta no cobre anualidad con que sea barata.
Una tarjeta puede no cobrarte anualidad y, aun así, cobrarte intereses muy elevados cuando decides financiar tus compras.
El verdadero costo del crédito aparece cuando dejas de pagar el saldo completo.
Y para entenderlo existe una cifra que millones de personas ven, pero muy pocas realmente entienden:
EL CAT.
¿QUÉ ES EL CAT?
CAT significa Costo Anual Total.
Banco de México lo define como una medida estandarizada del costo del financiamiento, expresada como porcentaje anual y diseñada para incorporar los costos y gastos relevantes del crédito, con el propósito de facilitar la comparación entre productos financieros.
En una tarjeta de crédito, el cálculo considera elementos como la tasa de interés y, cuando corresponde, la comisión anual.
De hecho, la propia calculadora de Banco de México para tarjetas contempla expresamente tres elementos fundamentales:
La línea de crédito, la tasa de interés y la comisión anual.
Por eso el CAT es tan importante.
Porque la tasa de interés por sí sola no cuenta toda la historia.
“MI TARJETA NO TIENE ANUALIDAD”
Aquí aparece una de las grandes confusiones.
Que una tarjeta diga:
“SIN ANUALIDAD”
no significa:
“SIN COSTO”.
Puede significar únicamente que no te cobran esa comisión específica.
Pero si utilizas el crédito y no liquidas el saldo, puedes pagar intereses.
Y esos intereses pueden ser muy elevados.
Un ejemplo real ayuda a entenderlo.
Actualmente, Banco Azteca anuncia su tarjeta de crédito ABCredit Básica como una tarjeta sin anualidad. Sin embargo, la información publicada por la institución señala un CAT promedio de 34.5% sin IVA y una tasa fija de interés anual ordinaria de 60% sin IVA.
Es decir:
SIN ANUALIDAD NO SIGNIFICA SIN INTERESES.
Y mucho menos significa que financiar una deuda sea barato.
¿ENTONCES LA ANUALIDAD ESTÁ “ESCONDIDA” EN LOS INTERESES?
Aquí debemos ser cuidadosos.
No sería correcto afirmar, sin analizar el contrato y la estructura de costos de cada producto, que un banco necesariamente “mete la anualidad dentro de los intereses”.
Lo que sí sabemos es que el CAT permite incorporar la comisión anual cuando ésta existe, precisamente para que el consumidor pueda comparar el costo total del financiamiento. Banco de México incluso explica que el CAT fue creado, entre otras cosas, para comparar una tarjeta con menor tasa de interés pero alta comisión anual frente a otra sin comisión anual pero con una tasa mayor.
Por eso la pregunta correcta no es:
“¿Tiene anualidad?”
La pregunta correcta es:
“¿Cuánto me cuesta realmente este crédito si no pago todo el saldo?”
Ahí es donde cambia completamente la conversación.
EL TRUCO PSICOLÓGICO DEL “PAGO MÍNIMO”
Quizá una de las frases más peligrosas de las tarjetas sea:
“Tu pago mínimo es de solamente $500.”
Porque el consumidor puede pensar:
“Perfecto. Puedo pagarlo.”
Y sí: puede ser capaz de pagar esos $500.
El problema es que pagar el mínimo no significa liquidar la deuda.
Una parte del pago puede destinarse a cubrir intereses y otros conceptos, mientras que solamente una parte reduce el capital.
Y si la persona continúa utilizando la tarjeta, puede ocurrir algo todavía peor:
está pagando una deuda mientras simultáneamente crea otra.
Banco de México considera precisamente el comportamiento del pago mínimo dentro de los supuestos utilizados para calcular el CAT de las tarjetas.
Y las propias instituciones financieras advierten que realizar únicamente el pago mínimo aumenta el tiempo necesario para pagar y el costo de la deuda.
EL ERROR DE CREERSE “MUY LISTO” POR PAGAR EL MÍNIMO
Aquí está una de las trampas más comunes.
El consumidor piensa:
“No voy a pagar todo. Voy a pagar solamente el mínimo y así conservo mi dinero.”
Parece inteligente.
Pero financieramente puede ser exactamente lo contrario.
Porque el banco no está regalando el resto del dinero.
Está financiándolo.
Y financiar significa pagar por utilizar dinero ajeno.
Así que ese dinero que el consumidor decidió “conservar” puede terminar costándole mucho más de lo que originalmente gastó.
La deuda se convierte entonces en una especie de bola de nieve.
Primero parece pequeña.
Después crece.
Después se vuelve difícil.
Y finalmente, cuando el consumidor descubre cuánto necesita para liquidarla, puede encontrarse con una cantidad que ya no cabe dentro de su presupuesto.
¿Y SI LOS INTERESES TAMBIÉN GENERAN INTERESES?
Aquí es donde el consumidor debe poner todavía más atención.
El pago mínimo no es, por sí mismo, anatocismo. Cuando una persona paga solamente una parte de su deuda, el saldo que queda pendiente puede generar intereses conforme a las condiciones del contrato.
Pero cuando una deuda permanece durante largos periodos, resulta indispensable revisar qué conceptos se están incorporando al saldo y sobre cuáles se están calculando los nuevos intereses.
Si intereses vencidos pasan a formar parte del capital y posteriormente producen nuevos intereses, estamos ante una cuestión de capitalización de intereses que debe analizarse jurídicamente.
No se trata de afirmar que toda tarjeta que cobra intereses sobre un saldo pendiente esté incurriendo en anatocismo.
Se trata de hacer una pregunta mucho más sencilla:
¿Sobre qué cantidad me están cobrando los nuevos intereses?
Porque no es lo mismo cobrar intereses sobre el capital que todavía debes, que cobrar nuevos intereses sobre intereses que ya se habían generado anteriormente.
Y esa diferencia puede ser fundamental.
Por eso, cuando una deuda comienza a crecer a pesar de que el consumidor realiza pagos periódicos, no basta con mirar cuánto pagó.
Hay que revisar el estado de cuenta y separar:
- cuánto correspondía al capital;
- cuánto correspondía a intereses ordinarios;
- cuánto correspondía a intereses moratorios, si los hubo;
- qué comisiones se cobraron;
- qué impuestos se aplicaron;
- cuánto disminuyó realmente el capital;
- y, sobre todo, sobre qué cantidad se calcularon los intereses del siguiente periodo.
La pregunta que el deudor debe aprender a hacer
No es solamente:
“¿Cuánto tengo que pagar este mes?”
Es:
“Después de pagar, ¿cuánto de mi deuda realmente desapareció?”
Porque una persona puede estar pagando todos los meses y, aun así, descubrir que su deuda disminuye muy lentamente.
Y cuando eso ocurre durante meses o años, el problema deja de ser únicamente el monto original que pidió prestado.
El verdadero problema es el costo de mantener esa deuda viva.
EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE EL MONTO: ES EL TIEMPO
Una deuda de $5,000 pesos puede parecer manejable.
Una deuda de $10,000 también.
Pero si esa deuda permanece durante meses o años y genera intereses, el problema cambia.
Por eso una de las combinaciones más peligrosas es:
CAT elevado + pago mínimo + saldo pendiente + nuevas compras + tiempo.
Cada elemento empeora al anterior.
Y el consumidor puede terminar pagando durante mucho tiempo por algo que ya compró, utilizó y hasta olvidó.
¿Y QUÉ PASA CON LOS CRÉDITOS DE BANCO AZTECA?
En redes sociales y entre personas que enfrentan problemas de endeudamiento aparecen testimonios de consumidores que aseguran haber solicitado determinadas cantidades y posteriormente haber enfrentado adeudos mucho mayores.
Por ejemplo, se menciona el caso de personas que aseguran haber recibido alrededor de $6,000 pesos y posteriormente encontrarse con una deuda de $24,000 pesos.
Pero aquí es necesario hacer una aclaración fundamental:
un testimonio de un deudor no demuestra por sí mismo que todos los clientes de Banco Azteca reciban ese tratamiento ni que una deuda de $6,000 automáticamente se convierta en $24,000.
Para afirmar eso como hecho habría que revisar el contrato específico, el estado de cuenta, la tabla de amortización, los pagos realizados, los intereses ordinarios, intereses moratorios, seguros, comisiones y cualquier otro concepto aplicable al caso.
Y precisamente ahí está el problema.
El consumidor muchas veces no entiende qué está firmando.
No sabe cuánto pidió.
No sabe cuánto terminará pagando.
No sabe cuánto corresponde a capital.
No sabe cuánto corresponde a intereses.
Y muchas veces solamente observa la cantidad que tiene que entregar cada semana o cada mes.
Ese es el verdadero peligro.
Y LOS NÚMEROS OFICIALES DEMUESTRAN QUE EL CRÉDITO PUEDE SER MUY CARO
No necesitamos exagerar para demostrarlo.
Banco Azteca actualmente publica para su producto Credimax Crédito en Efectivo un CAT promedio de 83.5% sin IVA y una tasa fija de interés anual ordinaria de 49.62% sin IVA.
Para Credimax Crédito al Consumo publica un CAT promedio de 63.5% sin IVA y una tasa fija de interés anual ordinaria de 40.53% sin IVA.
Esos números hablan por sí solos.
No hace falta decir que todos los créditos son abusivos.
Lo que sí podemos decir es:
ANTES DE FIRMAR, HAY QUE SABER CUÁNTO CUESTA.
¿POR QUÉ EXISTEN CAT TAN ALTOS?
Porque prestar dinero tiene costos y riesgos.
La institución financiera tiene costos de operación, administración, cobranza y financiamiento, además del riesgo de que algunos clientes no paguen.
Todo eso forma parte de la economía del crédito.
Pero el consumidor debe entender algo:
que exista una razón para que un crédito sea caro no significa que el consumidor esté obligado a contratarlo.
Y mucho menos significa que deba contratarlo sin leer.
El CAT es precisamente una herramienta para comparar.
Si una tarjeta tiene un CAT considerablemente mayor que otra, el consumidor tiene una razón para detenerse y preguntar:
¿Qué estoy recibiendo a cambio de pagar tanto?
¿Y POR QUÉ UNA DEUDA PUEDE TERMINAR EN UN JUICIO?
Aquí aparece otro mito muy extendido.
Algunas personas creen que si dejan de pagar una tarjeta de crédito:
“me van a meter a la cárcel.”
No funciona así.
El artículo 17 de la Constitución mexicana establece que nadie puede ser aprisionado por deudas de carácter puramente civil.
Una deuda de naturaleza civil o mercantil puede reclamarse por las vías jurídicas correspondientes.
Eso significa que no pagar una deuda no equivale automáticamente a cometer un delito.
Pero cuidado:
que no exista prisión por una deuda puramente civil no significa que no existan consecuencias.
Puede existir una reclamación judicial, afectación al historial crediticio y, dependiendo del caso y del procedimiento, medidas legales para intentar obtener el pago.
Además, si existiera una conducta distinta que sí constituyera un delito —por ejemplo, determinados supuestos de fraude— el análisis jurídico sería diferente.
Por eso hay que separar dos cosas:
deber dinero no es lo mismo que cometer un delito.
¿Y ESTO TIENE QUE VER CON LOS CAT ALTOS?
Solamente de manera indirecta.
No sería correcto afirmar:
“Como el deudor no puede ir a la cárcel, los bancos cobran un CAT alto.”
Eso simplificaría demasiado el funcionamiento del sistema financiero.
Lo correcto es decir que las instituciones consideran diferentes costos y riesgos al determinar las condiciones de los créditos.
El riesgo de incumplimiento es uno de los factores económicos que pueden influir en el precio del crédito.
Pero el CAT no es una multa por la falta de pago.
Es un indicador del costo del financiamiento.
Y precisamente por eso debemos aprender a leerlo.
EL GRAN PROBLEMA DE LA GENERACIÓN Z
La Generación Z no inventó el endeudamiento.
Pero sí está creciendo en una época en la que el crédito está literalmente a unos cuantos clics de distancia.
Antes había que acudir físicamente a una institución.
Hoy:
Abres una aplicación.
Solicitas una tarjeta.
Te autorizan una línea.
Compras.
Y el dinero desaparece de tu cuenta mentalmente porque nunca estuvo ahí.
Ese es el peligro psicológico.
El crédito no se siente como deuda cuando solamente aparece como una línea disponible en una pantalla.
Y ahí comienza el problema.
La persona empieza a comprar con dinero que todavía no tiene.
Después llega el estado de cuenta.
Después el pago mínimo.
Después los intereses.
Después otra compra.
Y finalmente llega una pregunta que debió hacerse desde el principio:
“¿Cuánto debo realmente?”
EL CRÉDITO NO ES DINERO EXTRA
Esta debería ser la primera lección de educación financiera:
Una tarjeta de crédito no aumenta tu riqueza.
Aumenta tu capacidad de comprar hoy utilizando dinero que tendrás que devolver después.
Y si no lo devuelves completo, tendrás que pagar por haberlo utilizado.
Por eso una tarjeta puede ser una herramienta útil cuando se utiliza correctamente.
Pero puede convertirse en una trampa financiera cuando se utiliza para financiar permanentemente el consumo.
LA REGLA MÁS IMPORTANTE
Antes de aceptar una tarjeta, no preguntes solamente:
“¿Cuánto me prestan?”
Pregunta:
“¿Cuál es el CAT?”
Después pregunta:
“¿Cuál es la tasa de interés?”
Después:
“¿Tiene anualidad?”
Después:
“¿Qué otras comisiones existen?”
Y finalmente:
“¿Qué pasa si solamente pago el mínimo?”
Si no puedes responder esas preguntas, probablemente todavía no estás listo para utilizar ese crédito.
PORQUE ESTO ES LO QUE NADIE TE DICE
Las instituciones financieras pueden ofrecerte una tarjeta sin anualidad.
Pueden ofrecerte una línea de crédito.
Pueden decirte que tienes meses para pagar.
Pueden decirte cuál es tu pago mínimo.
Todo eso puede ser perfectamente cierto.
Pero existe una pregunta mucho más importante:
¿CUÁNTO TE VA A COSTAR EL DINERO QUE ESTÁS PIDIENDO PRESTADO?
Ese número puede estar escondido detrás de una palabra de tres letras:
CAT.
Y cuando el consumidor entiende el CAT, deja de mirar únicamente cuánto puede gastar y comienza a mirar cuánto tendrá que pagar.
Esa diferencia puede ser la diferencia entre utilizar una tarjeta como herramienta financiera…
o terminar trabajando durante meses o años para pagar compras que ya quedaron atrás.
EL CRÉDITO NO ES GRATIS.
EL PAGO MÍNIMO NO ES UNA SOLUCIÓN.
“SIN ANUALIDAD” NO SIGNIFICA “SIN COSTO”.
Y UN CAT ALTO DEBE SER UNA ALERTA, NO UN DETALLE EN LETRA PEQUEÑA.
Antes de firmar, compara.
Antes de comprar, calcula.
Antes de pagar el mínimo, piensa.
Porque lo verdaderamente caro de un crédito no siempre es lo que te prestan.
Es lo que terminarás pagando por haberlo pedido.
Jaque Mate antes de que sea Anatocismo.











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