Por ley, desde julio de 2016, los supermercados franceses donan a organizaciones benéficas y bancos de alimentos los comestibles y la comida que no hayan vendido y que sea apta para el consumo, o cederla para los animales o para fabricar composta para la agricultura, lo que proporciona millones de comidas adicionales a quienes padecen hambre.
Además de aumentar la cantidad total de alimentos donados a organizaciones benéficas, la ley mejoró la diversidad, la calidad nutricional y la frescura de los productos. Tan solo un aumento del 15% en la comida donada significa 10 millones de comidas más al año.
Hasta junio de 2016, un reciente aumento de la población desempleada y sin hogar en Francia provocó que más familias buscaran comida, y para evitar que la gente revisara los contenedores de basura de las tiendas, algunos gerentes recurrían a verter lejía o a usar candados para que la comida fuera imposible de conseguir. La ley puso fin a esa cruel conducta imponiendo contratos a los supermercados que, de incumplirse, conllevan fuertes multas e incluso penas de prisión.
Cada año, se desperdician 1,300 millones de toneladas de alimentos en todo el mundo. Con toda esta comida, se podría alimentar fácilmente a las personas que padecen hambre en el mundo. Los bancos de alimentos franceses reciben alrededor de 100.000 toneladas de productos donados cada año. El 35% proviene de supermercados. La medida fue ampliada a los servicios de catering y a las empresas fabricantes de alimentos, extendiendo el compromiso de desperdicio cero a toda la cadena alimentaria.

Inspirados en el éxito de Francia, de ser el primer país del mundo en aprobar una ley que prohíbe a los grandes supermercados desechar alimentos no vendidos y los obliga a donarlos a organizaciones benéficas, Italia, España y Bélgica han comenzado a implementar medidas similares, reforzando políticas de aprovechamiento alimentario y fomentando la colaboración entre el sector privado y las ONG.
El éxito de Francia demuestra que las políticas públicas pueden transformar hábitos de consumo y producción. Al establecer la responsabilidad de los supermercados, el país genera conciencia sobre el valor de los alimentos y promueve un consumo más responsable.
Esta experiencia refuerza la necesidad de que más naciones adopten medidas similares, integrando la sostenibilidad y la justicia social en sus sistemas alimentarios. Cada producto recuperado evita un residuo, cada donación fortalece la solidaridad y cada plato aprovechado representa una victoria contra el desperdicio y la desigualdad.
En México, los principales supermercados como Walmart, HEB, Costco, Soriana, Bodega Aurrera, Sam’s Club, Chedraui, La Comer, Oxxo y 7 eleven, donan alimentos de forma constante como parte de sus políticas de responsabilidad social y para reducir el desperdicio, principalmente a través de alianzas con la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX).












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