Cualquier ‘Ciudadano Vecino’ que avale y apruebe actos ilegales de una mesa es cómplice de Delincuencia Organizada (LFCDO) (CPF)

Cayó la ventrílocua, las marionetas están huérfanas ahora ellas son las delincuentes solamente…

Como cuando cae el ventrílocuo las marionetas se quedan sin voz, desarticuladas y más vulnerables que una red que quiere atrapara agua en lugar de peces; Cambio de ventrílocuo municipal no es solución; el nuevo funcionario debe ser uno de verdad, no un “smellers”; y si es un “smellers” debe afrontar las denuncias y demandas que están gestándose contra esa funcionaria por corrupción, delincuencia organizada, y abuso de poder, mas autora intelectual de fraude a los vecinos al imponer “sus proveedores” a fuerza en contubernio con las marionetas (delincuentes identificados presidentes espurios) avalando también los movimientos fraudulentos cometidos; desde actuar a nombre de otros porque nunca protocolizaron ningún acta, porque legalmente no existieron, eso técnicamente es un robo; además de propiciar evasión fiscal al solicitar sobre precios en todas las facturas de gastos (ya está el SAT enterado) y las Fiscalías recibirán las denuncias correspondientes, en la inteligencia de que estos delitos todos tienen prisión preventiva oficiosa; ojo si hay vecinos que defiendan estas acciones o lo hacen proveedores amañados, son cómplices de delincuencia organizada y entiendan, ya no tienen Madrina porque pronto caerá en manos de la justicia. En Nuevo León está por llegar la justicia federal, porque la instancias municipales o estatales no tienen jurisdicción por ser juez y parte.

La defensa del patrimonio vecinal no es una opción emocional ni un capricho derivado de conflictos personales; es un derecho constitucional y una obligación jurídica de todo ciudadano que observe actos presuntamente ilícitos que lesionen el patrimonio colectivo, la legalidad administrativa y el orden público. Cuando una estructura de representación vecinal es utilizada para fines distintos a los establecidos en la ley, deja de ser un órgano de administración para convertirse en un mecanismo de simulación, coerción y beneficio privado.

Ningún “presidente” de colonia, comité o mesa directiva puede atribuirse facultades que jamás le fueron otorgadas mediante asambleas legalmente convocadas, protocolizadas y registradas conforme a derecho. Toda actuación realizada sin personalidad jurídica acreditada carece de validez legal y sus efectos pueden ser combatidos mediante acciones civiles, administrativas e incluso penales. Quien firma, cobra, contrata o representa sin facultades suficientes incurre en responsabilidades directas que no desaparecen alegando obediencia, costumbre o instrucciones superiores.

La imposición de proveedores específicos mediante amenazas, presión colectiva o manipulación administrativa podría configurar conductas relacionadas con asociación delictuosa, cohecho, fraude, extorsión y operaciones simuladas. Más grave aún resulta cuando existen indicios de sobreprecios deliberados, facturación alterada o triangulación de recursos destinados al mantenimiento vecinal. Ahí ya no se habla de simples irregularidades administrativas; se habla de posibles esquemas organizados para desviar recursos privados de los colonos.

Los vecinos deben comprender que pagar cuotas no significa renunciar a sus derechos. Toda persona tiene derecho a exigir auditorías, estados financieros, contratos, comprobantes fiscales y actas debidamente protocolizadas. Negarse a transparentar información financiera constituye un indicio relevante de opacidad y posible ocultamiento de conductas ilícitas. El silencio administrativo nunca será equivalente a legalidad.

Asimismo, cualquier ciudadano vecino que, teniendo conocimiento de posibles delitos patrimoniales, continúe participando activamente en la ejecución, encubrimiento o legitimación de dichas conductas, podría enfrentar responsabilidades legales conforme al grado de intervención que determine la autoridad competente. Defender ciegamente actos presuntamente ilegales bajo argumentos políticos, personales o de conveniencia económica no exime de responsabilidad futura.

La ley no distingue entre quien diseña la operación y quien conscientemente la ejecuta. El prestanombres, el operador, el falsificador de actas, el cobrador irregular, el proveedor beneficiado y quien intimida vecinos para evitar denuncias forman parte de una misma cadena de responsabilidades jurídicas. Y cuando el dinero, las decisiones y la manipulación convergen de manera sistemática para afectar patrimonios ajenos, la investigación deja de centrarse en individuos aislados para analizar estructuras completas.

En Nuevo León y en todo México, las autoridades federales tienen competencia para intervenir cuando existan posibles delitos fiscales, operaciones simuladas, uso de documentación falsa, evasión tributaria o esquemas financieros coordinados. Nadie debe asumir que el fuero local, las relaciones políticas o la protección institucional serán eternas. La historia jurídica del país está llena de personajes que se sintieron intocables hasta que los expedientes llegaron a instancias superiores.

Hoy muchos vecinos callan por miedo, cansancio o presión social. Pero el miedo jamás ha sido argumento válido frente a la ley. Quien protege su patrimonio protege también el de su comunidad, su familia y el futuro de quienes vendrán después. Porque cuando la corrupción se normaliza dentro de una colonia, el abuso deja de ser excepción y se convierte en sistema.

Y cuando un sistema corrupto cae, las marionetas descubren demasiado tarde que el ventrílocuo nunca las iba a salvar.

ABUNDEMEX®

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