Por huggo romerom™

Vivir después de morir en varios sentidos es un acto de valentía, se necesita valor para poder seguir viviendo después de sucesos que te llevan a desear estar muerto para ya no seguir soportando fracasos.
Si lee esto una persona religiosa dirá que es pecado pensar en morir, más aún pensar en suicidarte porque tu vida no te pertenece.
Si lee esto una persona que no ha tenido problemas a lo largo de su vida porque ha corrido con la suerte de nacer con una posición acomodada, pensará que es una estupidez porque la vida es muy buena.
Si lee esto una persona de esas que tienen ‘suerte’ y que casi todas las cosas les salen las cosas como las desea pensará que es una idiotez porque la vida es fácil.
Pero cuando lea esto una persona que haya sobrevivido por lo menos a uno de estos eventos traumáticos; a un choque en bicicleta contra una camioneta; a morir ahogado en un rio succionado por un remolino; a sobrevivir al bullying escolar; a perder la novia con la que pensabas casarte, y que se casó con otro; a no haber logrado ser corredor de Wall Street; a ser cesado del único trabajo que te ha gustado y en el que dejaste todo, y que te reajustaran siendo el número uno; a ser traicionado por tus ‘amigos’ a llegar a la cima y perder todo absolutamente; ; a encontrar una nueva oportunidad de ser feliz, y ser abandonado por insuficiencia de fondos; por enumerar unos pocos de los problemas que he vivido, entonces tala vez entienda él porque del título ‘Morir muchas veces y seguir Vivo’ © y es que es patético no poder ni suicidarte, la primera vez que pensé hacerlo tenía 25 años, a raíz de perder la persona que creí que sería mi compañera toda la vida, pero justo en ese tiempo por casualidad del destino o por designios del señor entre a una compañía en la cual no hubiese querido ni jubilarme fue algo así como llegar a un lugar en el que ‘esa empresa era mi hábitat’ jamás me sentí igual en ninguna otra, eso me salvó de esa idea por un tiempo esa fue mi primer muerte en 1987. Posteriormente me hice una promesa de que al cumplir 30 años debería estar en Wall Street y siendo millonario, obviamente no lo logré pero esta vez ya tenía una responsabilidad más grande que el deseo de morir; mi hijo. Al cumplir esa edad volví a morir, y así sucesivamente cada vez que enfrentaba un problema que no podía resolver por diferentes circunstancias unas ajenas y otras no a mi voluntad siempre regresaba a mi pensamiento el suicido, esa cómoda puerta falsa de libertad, uno cree que es la solución porque así se acaban los problemas, puede ser que para uno si se acaben pero se heredan a otros y eso no es justo ni correcto.
Por eso deje de pensar en el suicidio como una solución a cualquier problema, se necesita mil veces más valor para seguir vivo y enfrentar las adversidades y encontrar una solución, que simplemente desaparecer de este plano terrenal.
Pensar en esto es como una adicción y debes pensar en estar vivo ‘solo por hoy todos los días’ afortunadamente hay muchas cosas buenas que suceden a diario por las que vale la pena seguir vivo.
Ahora pienso que los problemas son la sal y la pimienta de la vida y que es lo que te mantiene vivo, hay días que extraño los problemas se han convertido en mi forma de vida y si solucionando problemas puedes además ayudar a otras personas el negocio ya es redondo. Algo común pero raro es que .todas las veces que he pensado en dejar este mundo ‘una mano me detiene y escucho alguien decir’: ‘No has terminado tu trabajo aquí aun’ y se me olvida ese pensamiento, por eso agradezco haber muerto muchas veces y seguir vivo, porque literal y realmente mueres con cada situación adversa y resucitas con una nueva idea, una nueva ilusión, una nueva esperanza.
Quizá el secreto de la vida no sea evitar las caídas, sino aprender a caminar con las cicatrices. Porque nadie llega a viejo sin haber enterrado versiones de sí mismo. El muchacho que soñaba cambiar el mundo muere para dar paso al hombre que entiende cómo funciona. El enamorado que juró amor eterno muere cuando descubre que el amor también se equivoca. El emprendedor que creía que el esfuerzo siempre sería recompensado muere cuando descubre que el mercado no tiene sentimientos. Y aun así, seguimos adelante.
La ciudad está llena de muertos que caminan. Los veo todos los días. Van en el metro, en los camiones, detrás de los escritorios, en los semáforos, en las cafeterías. Son personas que alguna vez perdieron algo tan importante que pensaron que jamás volverían a sonreír. Sin embargo, ahí están. Tal vez no son los mismos, pero siguen aquí.
Con el tiempo entendí que la felicidad no es un estado permanente. Es apenas un visitante amable que aparece de vez en cuando para recordarnos que vale la pena continuar. La vida real ocurre entre problema y problema, entre derrota y derrota, entre una esperanza rota y otra recién construida.
También comprendí que el fracaso no es el enemigo. El verdadero enemigo es la rendición. Porque cuando uno se rinde deja de existir mucho antes de morir. En cambio, quien sigue luchando conserva algo sagrado: la posibilidad. La posibilidad de volver a amar. De volver a emprender. De volver a confiar. De volver a empezar.
Hay noches en las que sigo mirando al techo y preguntándome qué sentido tuvo sobrevivir a tantas tormentas. Entonces recuerdo a las personas que me tendieron la mano cuando estaba cayendo. Recuerdo a quienes me necesitaban cuando yo pensaba que ya no servía para nada. Recuerdo los sueños que todavía no he cumplido y las historias que aún no he escrito.
Y es ahí cuando entiendo que la vida no me ha mantenido aquí por accidente.
Tal vez todos venimos a realizar un trabajo que desconocemos. Tal vez nuestra misión no es ganar siempre, sino aprender algo en cada derrota y compartirlo con alguien más. Tal vez por eso las heridas hablan tanto y los triunfos tan poco.
Hoy sé que he muerto muchas veces. He muerto en los negocios, en el amor, en la amistad, en los proyectos y en los sueños. Pero también sé que cada una de esas muertes dejó espacio para una nueva versión de mí mismo.
Por eso ya no le temo tanto a caer.
Le temo más a dejar de levantarme.
Y mientras exista una razón para escribir una línea más, ayudar a una persona más, intentar un sueño más o regalar una sonrisa más, seguiré aquí.
Porque después de todo, vivir no consiste en no morir nunca.
Vivir consiste en resucitar todas las veces que sea necesario.
Jaque Mate todavía del mas acá.











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