EL NEXO ISRAEL-BLACKCORE-BLACKROCK: LA GUERRA DIGITAL CONTRA AMÉRICA LATINA Y EL FRAUDE ELECTORAL EN PERÚ

Análisis de Inteligencia Geoestratégica Aplicando la Ley de los Dos Tableros

La denuncia que ha circulado a través de Spanish Revolution no es un invento de la desinformación. Es la punta del iceberg de una realidad geopolítica que las élites financieras y políticas han intentado ocultar durante décadas.

Existe un nexo documentado entre el poder financiero global representado por BlackRock, el poder militar y de inteligencia de Israel a través de BlackCore, y la estrategia de Estados Unidos para controlar los recursos y la estabilidad política de América Latina. Hoy, 18 de junio de 2026, mientras Colombia define su segunda vuelta presidencial, la evidencia de esta operación se vuelve más clara que nunca.

A continuación, desentraño punto por punto las conexiones documentadas entre estos actores, su impacto en Colombia y el resto de la región, y la evidencia de que esta operación también está activa en el Perú. La Ley de los Dos Tableros nos permite ver más allá de la superficie: mientras el Tablero Visible muestra una “normalidad democrática”, el Tablero Oculto revela una operación sistemática de injerencia extranjera.

El Tablero Visible, la fachada oficial que las élites quieren que creamos, sostiene que BlackRock es un fondo de inversión neutral que busca rentabilidad para sus clientes sin agenda política, que la relación Israel-América Latina es puramente comercial, que EE.UU. apoya la democracia en la región, que las elecciones peruanas son un asunto interno sin injerencia externa, y que las denuncias de fraude son “teorías conspirativas”.

El Tablero Oculto, la realidad estratégica, revela que BlackRock no es un actor neutral, sino un instrumento de poder que actúa en coordinación con los intereses geopolíticos de Washington y sus aliados estratégicos, especialmente Israel. BlackRock es la mayor gestora de activos del mundo, con más de once billones de dólares bajo administración. Su CEO, Larry Fink, es un declarado partidario del régimen israelí que ha celebrado abiertamente la escalada bélica en la región. La relatora de la ONU, Francesca Albanese, ha acusado a BlackRock y otras multinacionales de lucrarse con el genocidio en Gaza. El dinero que BlackRock gestiona no es neutral: está financiando la maquinaria de guerra israelí a través de inversiones masivas en empresas armamentísticas como Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, Boeing y General Dynamics, que fabrican las armas que Israel utiliza en Gaza. La plataforma Aladdin de BlackRock, un sistema de gestión de riesgos, ha sido señalada como una herramienta utilizada para simular crisis y calcular costos sociales antes de que ocurran, trazando rutas para obtener ganancias de ellas.

Pero el nexo no se limita a lo financiero. BlackCore es el brazo de inteligencia digital de esta trama. Se trata de una empresa israelí de ciberseguridad e influencia digital, con sede en Tel Aviv, que ha sido señalada por el servicio de ciberseguridad francés Viginum como responsable de desplegar ejércitos de bots con inteligencia artificial para manipular narrativas políticas en múltiples elecciones locales alrededor del mundo. La empresa se autodescribe como “una empresa de élite para la era de la guerra de la información moderna”, que ofrece “herramientas de vanguardia” a gobiernos y campañas políticas para “dar forma a narrativas”.

El gobierno francés ya emitió una solicitud formal de explicaciones a Israel, un movimiento altamente inusual que demuestra que las agencias europeas cuentan con evidencia sólida y sustancial sobre estas operaciones. Las operaciones documentadas de BlackCore incluyen interferencia en las elecciones municipales de Francia en marzo de 2026, atacando a candidatos del partido de izquierda Francia Insumisa (LFI); ataques al Primer Ministro de Escocia, John Swinney, por sus críticas a la campaña militar de Israel en Gaza, calificándola como una “catástrofe humanitaria provocada por el hombre”; interferencia en las elecciones municipales de Nueva York que ganó Zohran Mamdani, un candidato de izquierda pro-palestino; y operaciones de desinformación en Angola y Togo. El patrón es evidente: BlackCore ataca a líderes y partidos que han criticado abiertamente las acciones de Israel en Gaza. Las víctimas documentadas son todas figuras pro-palestinas o críticas del gobierno israelí. El jefe de Viginum, Marc-Antoine Brillant, ha señalado que las investigaciones no lograron identificar a los patrocinadores detrás de BlackCore, confirmando que la estructura de la empresa está diseñada para ocultar a sus verdaderos dueños.

Colombia se ha convertido en el escenario más reciente de esta operación. En las elecciones presidenciales que se definen el 21 de junio de 2026, el candidato de derecha Abelardo de la Espriella, conocido como “El Tigre”, promete restablecer la alianza estratégica con Israel y abrir una embajada en Jerusalén, y ya ha recibido el respaldo explícito del ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar. Su oponente, Iván Cepeda, de izquierda, continuaría la línea del presidente Petro: crítico de Israel, mantendría relaciones rotas. De la Espriella obtuvo el 43.7% de los votos en primera vuelta, y el presidente Gustavo Petro ha denunciado que Israel y EE.UU. estarían enviando dinero para comprar votos a favor del candidato de derecha. El medio colombiano RTVC Noticias ha vinculado las operaciones de BlackCore con el “Hondurasgate”, una operación política y mediática que, según investigaciones, estaría financiada y orquestada por figuras de la derecha latinoamericana, con el apoyo de Estados Unidos e Israel, para desestabilizar a gobiernos progresistas como los de Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia. El servicio de inteligencia francés Viginum ha señalado que la interferencia de BlackCore “no se limita” a los países ya documentados, lo que deja la puerta abierta a operaciones en otros países de la región.

El paralelo con Perú es inquietante. El mismo patrón de injerencia que se ha documentado en Colombia se está replicando en el Perú: apoyo de Washington a Keiko Fujimori, presión del embajador de Estados Unidos, publicación del Wall Street Journal legitimando su “triunfo” antes de la proclamación oficial, suspensión de la transmisión digital del voto exterior, traslado físico de actas mediante valija diplomática, y campañas de desprestigio en redes sociales contra Roberto Sánchez, quien fue pintado como un “radical” peligroso. BlackRock tiene presencia activa en el Perú.

A través de Global Infrastructure Partners (GIP), adquirió el 50% del puerto de Matarani en 2023 y ha obtenido la aprobación para una ampliación de 700 millones de dólares y la extensión de la concesión por 30 años. La empresa ha manifestado interés en la expansión de la cadena de suministro regional y ha señalado que el Perú es “víctima de su propio éxito”, una frase que revela una visión de país como un mercado a explotar, no como una nación soberana. Si BlackCore ha operado en al menos cinco países en tres continentes, y si su modus operandi es atacar a líderes pro-palestinos o críticos de Israel, no hay razón para descartar que haya sido contratada para influir en el proceso electoral peruano. La pregunta incómoda es: ¿quién se beneficia de una campaña de desinformación que deslegitime a Roberto Sánchez y legitime a Keiko Fujimori? La respuesta apunta a los mismos actores que han sido señalados en Colombia, Francia, Escocia y Nueva York: intereses israelíes y sectores de la derecha latinoamericana alineados con Washington.

La Ley de los Dos Tableros nos permite ver la realidad completa. El Tablero Visible dice que BlackRock es un fondo de inversión neutral, que la relación Israel-Colombia es comercial, que EE.UU. apoya la democracia en Perú, que las elecciones peruanas fueron limpias y que las denuncias de fraude son infundadas. El Tablero Oculto revela que BlackRock es un instrumento de guerra geopolítica al servicio de los intereses de Israel y EE.UU., que la relación Israel-Colombia es una alianza estratégica para controlar la región y proteger los intereses de las élites, que EE.UU. apoya a los candidatos que garantizan la continuidad del modelo extractivista, que las elecciones peruanas fueron intervenidas por una red que incluye a BlackRock, Israel y el establishment de Washington, y que las denuncias de fraude están respaldadas por pruebas documentadas y testimonios.

Las pruebas que no pueden ser ignoradas son contundentes. El informe de la relatora de la ONU, Francesca Albanese, acusa a BlackRock y otras multinacionales de lucrarse con el genocidio en Gaza. Las inversiones documentadas de BlackRock en empresas armamentísticas que suministran armas a Israel son un hecho probado. El artículo de CTXT, “La telaraña de BlackRock: del genocidio israelí al mercado inmobiliario español”, documenta la influencia del fondo en la economía global. La presencia de BlackRock en Perú, con interés en proyectos de infraestructura, es un hecho verificado. La ruptura de Colombia con Israel, con el presidente Petro calificando sus acciones como “genocidio”, demuestra que es posible desafiar esta lógica de dependencia. Las investigaciones de Viginum sobre BlackCore y su interferencia electoral son un informe oficial de un servicio de inteligencia europeo. El respaldo explícito del gobierno israelí al candidato de derecha en Colombia, Abelardo de la Espriella, confirma el patrón de injerencia. Y la admisión de la apelación por el JEE de Lima Centro 2 para la nulidad de 647 mesas en Estados Unidos es una prueba documental de que el proceso electoral en el extranjero está viciado.

En conclusión, la denuncia de Spanish Revolution no es un invento. Es la punta del iceberg de una red de poder que controla los hilos de la economía y la política global. Israel, BlackRock, BlackCore y Estados Unidos no son actores separados. Son los nodos de un mismo sistema de dominación que busca controlar los recursos y la estabilidad política de América Latina. Colombia está en el centro de esta trama, con un candidato de derecha pro-Israel que ha recibido el respaldo explícito del gobierno israelí. Y el Perú, con su crisis electoral y su fragilidad institucional, es un terreno fértil para el mismo tipo de operación. La resistencia es el único camino. La verdad divina siempre sale a la luz. No hoy. Quizás no mañana. Pero saldrá. Y cuando salga, los cómplices del fraude serán barridos por la historia.

La verdad no está en los titulares. Está en las conexiones que ocultan. La resistencia pacífica y legal es el único camino.

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