EL RETORNO AL SISTEMA DE REPARTO (V)

Lucilda Pérez Salazar

Revertir la privatización de las pensiones y retornar al sistema público de reparto (solidario) es un proceso complejo, aunque la decisión provenga del gobierno. Con mayor razón, si la exigencia surge de los trabajadores. En cualquier caso, se necesita construir un gran consenso social y un empuje generalizado de quienes demandan la reversión, es decir, la abrogación de la ley de pensiones que se desea sustituir.

  • La principal resistencia al cambio del sistema de capitalización individual al sistema de reparto, sin duda, provendrá del sector financiero y de los propietarios de las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE).
  • En el diseño y la implementación de la reforma es necesario que participen, además de los representantes del gobierno y de los institutos de seguridad social, los trabajadores, los empleadores y los jubilados.
  • Es importante que, junto con los actores principales de la seguridad social antes mencionados, participen también especialistas en la materia: actuarios, abogados, economistas y contadores con experiencia en inversiones.
  • Al diseñar y estructurar la nueva ley de pensiones se definirán:

1.- Si los afiliados y los fondos constituidos durante la vigencia del sistema de capitalización individual se transfieren total o parcialmente a un fondo público del nuevo sistema, o bien, si se mantiene una parte en una cuenta individual.

2.- Los derechos y beneficios adquiridos por los afiliados en el sistema que concluye deberán ser reconocidos y respetados.

3.- Se establecerán nuevos parámetros:

  • Edad de jubilación.
  • Las contribuciones de empleadores, trabajadores y gobierno.
  • Los periodos de cotización.
  • La fórmula para el cálculo de las pensiones.
  • La tasa de reemplazo (monto de las pensiones).
  • Los pisos y topes de las pensiones.
  • Los incrementos o ajustes de las pensiones.

4.- Se realizarán proyecciones actuariales para asegurar la viabilidad y sostenibilidad financiera del nuevo sistema.

  • En la mayor parte de los países que regresaron al sistema de reparto (Argentina, Bolivia, Hungría y Polonia) se establecieron tasas de reemplazo de entre 60 y 70%; edades de jubilación de entre 55 y 65 años; periodos de cotización de entre 30 y 35 años, y tasas de cotización de entre 10 y 11%, distribuidas de manera equitativa entre empleadores y trabajadores.
  • En conclusión, el sistema de beneficio definido (reparto), bien administrado y con ajustes paramétricos adecuados, es mucho mejor que el sistema de capitalización individual. Los resultados están a la vista: mejores pensiones, menores costos administrativos, reducción de las cargas fiscales y mayor cobertura para la población.

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