EL MUNDIAL AL CENTRO, LA EDUCACIÓN A LA PERIFERIA

Lucilda Pérez Salazar

El 7 de mayo, el Secretario de Educación, Mario Delgado, junto con los 32 secretarios de educación estatales, dio a conocer que, de manera unánime, habían decidido cerrar el ciclo escolar el día 5 de junio, en lugar del 15 de julio, como estaba previsto en el calendario escolar vigente. Un recorte de 28 días hábiles.

Esta decisión la tomaron por dos motivos:

  • La extraordinaria onda de calor que se espera para el verano.
  • La realización de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

La noticia sorprendió a la sociedad mexicana y concitó el rechazo inmediato de maestros, asociaciones de padres de familia, especialistas en educación, gobiernos estatales —cuyos secretarios habían votado a favor—, instituciones privadas y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum expresó al día siguiente que: “No hay todavía un calendario definido, es sólo una propuesta”.

Más tarde, el secretario Mario Delgado anunció que el próximo lunes 11 de mayo se volverá a reunir el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU) para acordar el calendario definitivo.

  • Más allá de los motivos banales con los que los secretarios de educación justifican el recorte de un mes al calendario escolar, lo que esta medida manifiesta es la concepción que el Estado y el gobierno tienen de la educación: una visión claramente neoliberal.

En este caso, pareciera que importa más el Mundial de la FIFA que la educación.

  • El Mundial pasa al primer plano, al centro, y la educación se convierte en un asunto secundario.
  • ¿Cuál es la jerarquía de prioridades nacionales? ¿El espectáculo, el entretenimiento y los intereses económicos y mercantilistas de los patrocinadores nacionales y extranjeros de la Copa Mundial de Futbol? ¿Proporcionar traslados rápidos y despejados a los turistas y, al mismo tiempo, desactivar las movilizaciones magisteriales que, de todas maneras, se expresarán alrededor del Mundial?
  • La educación pasa a un segundo plano. Se desplaza lo prioritario en aras de la fiesta futbolera.
  • Se decreta un receso vacacional de tres meses para los 28.4 millones de niños, niñas y adolescentes que estudian en las escuelas públicas y privadas de México.
  • En unas cuantas horas, los personajes encargados de organizar y velar por la buena marcha de la educación en nuestro país toman una drástica determinación que causará graves daños a la educación y problemas serios a las familias, si no se rectifica la medida.
  • El receso largo traerá efectos antipedagógicos en los alumnos. Se interrumpirá abruptamente el proceso educativo. Se recortarán los planes y programas de estudio. Se olvidarán contenidos importantes. Se perderán hábitos de estudio y de sueño. Se incrementará el rezago educativo. El tiempo no se recupera.
  • Los resultados educativos se construyen paso a paso, día a día, mes a mes. Con interrupciones prolongadas como la que se propone, no puede haber resultados satisfactorios.
  • Y, por si fuera poco, también se alteran las dinámicas laborales de los padres de familia, porque la mayoría de las familias mexicanas organizan su vida tomando como eje el calendario escolar.
  • El calendario escolar, por décadas, había permanecido estable, con pequeños cambios. Un cambio severo como el que se propone es natural que produzca una sacudida inesperada en la sociedad mexicana.
  • Frente a la situación que viene con el evento mundialista, es mucho mejor tener a los niños, niñas y adolescentes en las escuelas que frente a las pantallas y celulares viendo los juegos futboleros o de otro tipo.
  • En los tiempos que vivimos, de apertura democrática, no puede haber imposiciones verticales de arriba hacia abajo, sin tomar en cuenta a la comunidad educativa: maestros, alumnos y padres de familia.
  • Es deseable que el próximo lunes haya una rectificación del desaguisado educativo que provocaron con el recorte radical al calendario escolar.

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