Por Chapulin Times
México: más de tres décadas de saqueo, privilegios e impunidad
México no es un país pobre. Es la segunda economía más grande de América Latina, una potencia manufacturera, uno de los principales productores de petróleo, plata, aguacate, cerveza y automóviles del mundo. Sin embargo, resulta inevitable preguntarse por qué una nación con semejante riqueza sigue arrastrando problemas estructurales de pobreza, desigualdad, inseguridad, servicios públicos deficientes y rezago educativo.
La respuesta no puede reducirse a un solo gobierno, un solo partido o un solo presidente. La historia contemporánea de México es también la historia de una transferencia multimillonaria de riqueza pública hacia grupos políticos, financieros y empresariales que encontraron en el poder una fuente inagotable de privilegios.
El sexenio de Salinas: cuando comenzó la gran venta.
Entre 1988 y 1994, Carlos Salinas de Gortari impulsó la transformación económica más profunda desde la Revolución Mexicana.
Más de mil empresas públicas pasaron a manos privadas. Bancos, siderúrgicas, aerolíneas, ingenios azucareros, carreteras y telecomunicaciones fueron vendidos bajo el argumento de modernizar la economía.
Las privatizaciones generaron aproximadamente 23 mil millones de dólares, pero muchos economistas sostienen que numerosos activos fueron subvaluados y terminaron concentrados en un pequeño grupo de empresarios que posteriormente se convertirían en algunos de los hombres más ricos del planeta, le suena el apellido Slim y Salinas Pliego?.
La molestia ciudadana sigue siendo incómoda:
¿Quién ganó realmente con las privatizaciones?
Porque mientras unos cuantos multiplicaron fortunas, millones de mexicanos siguieron enfrentando salarios bajos y escasas oportunidades.
Zedillo y el rescate más caro de la historia.
La crisis financiera de 1994 destruyó empresas, ahorros familiares y patrimonios enteros.
La respuesta gubernamental fue el Fobaproa. Sabía usted que le debe a los bancos extranjeros más de medio millón de pesos percapita?.
Lo que originalmente era un mecanismo para rescatar al sistema financiero terminó convirtiéndose en una deuda pública gigantesca.
Las cifras son monumentales:
Más de 550 mil millones de pesos absorbidos inicialmente.
Más de 1.5 billones de pesos pagados por los contribuyentes considerando intereses y refinanciamientos.
Mientras miles de familias perdían casas, negocios y empleos, el Estado asumía obligaciones privadas de instituciones financieras.
Ojo: esta es la parte medular.
Para millones de mexicanos, el Fobaproa simboliza el momento en que las pérdidas de unos cuantos se convirtieron en la deuda de todos.
Fox: el cambio que no cambió nada.
En el año 2000 México celebró el fin de siete décadas de gobiernos priistas.
La alternancia prometía transparencia y combate frontal a la corrupción.
Sin embargo, los privilegios económicos permanecieron prácticamente intactos.
Grandes corporaciones continuaron beneficiándose de regímenes fiscales especiales.
Durante años, diversos estudios señalaron que la evasión y elusión fiscal representaban pérdidas anuales por cientos de miles de millones de pesos.
El problema ya no era solamente la corrupción tradicional.
Era la captura de instituciones enteras por intereses económicos capaces de influir en decisiones públicas.

Calderón: una guerra multimillonaria.
En 2006 comenzó la llamada Guerra contra el Narcotráfico.
México destinó cantidades históricas de recursos a seguridad pública, fuerzas armadas, inteligencia y equipamiento.
Los gastos acumulados superaron el billón de pesos.
El saldo humano fue devastador:
Decenas de miles de muertos.
Miles de desaparecidos.
Comunidades desplazadas.
Regiones enteras bajo control criminal.
A pesar del gasto sin precedentes, la violencia continuó creciendo.
La pregunta inevitable es: cuánto de ese dinero realmente fortaleció las instituciones y cuánto terminó atrapado en estructuras burocráticas ineficientes o en redes de corrupción.
Peña Nieto y la corrupción como sistema.
Si algún sexenio logró convertir la palabra corrupción en sinónimo de gobierno fue el de Enrique Peña Nieto.
Los escándalos se acumularon uno tras otro.
La Casa Blanca
Una residencia valuada en millones de dólares vinculada a contratistas gubernamentales.
Odebrecht
Una red internacional de sobornos que alcanzó a varios países latinoamericanos.
La Estafa Maestra
Un mecanismo de triangulación de recursos públicos mediante universidades y empresas fantasma.
Monto observado:
Más de 7,600 millones de pesos.
Estos casos consolidaron la percepción de que la corrupción ya no era una excepción dentro del sistema político mexicano.
Era parte del sistema mismo.
Los otros saqueos silenciosos.
Cuando se habla de saqueo nacional, muchos piensan únicamente en maletas llenas de dinero o funcionarios corruptos.
Sin embargo, existen mecanismos menos visibles.
Concesiones mineras
Durante décadas miles de concesiones permitieron la extracción de oro, plata, cobre y otros minerales.
En numerosos casos, las ganancias obtenidas por empresas privadas fueron desproporcionadamente superiores a los ingresos recibidos por las comunidades donde se extraían los recursos.
Evasión fiscal
Cada año México pierde cientos de miles de millones de pesos por evasión y elusión fiscal.
Dinero suficiente para financiar hospitales, universidades y sistemas de infraestructura estratégica.
Contratos inflados
La Auditoría Superior de la Federación ha documentado durante años irregularidades multimillonarias en distintos niveles de gobierno.
Obra pública
Numerosos proyectos terminaron costando mucho más de lo presupuestado originalmente.
El sobrecosto sistemático se convirtió en una práctica recurrente.
¿Cuánto dinero se ha perdido?
No existe una cifra definitiva.
Pero si se suman:
Fobaproa.
Corrupción documentada.
Evasión fiscal.
Sobreprecios en contratos.
Obras inconclusas.
Desvíos de recursos.
Condenaciones internacionales.
Privilegios fiscales.
Diversos cálculos ubican el impacto económico acumulado en rangos que superan los 10, 15 o incluso 20 billones de pesos durante las últimas décadas.
Para dimensionarlo:
Con una fracción de esa cantidad México habría podido construir miles de hospitales, universidades, carreteras, sistemas de agua potable, plantas de tratamiento, infraestructura energética y programas de desarrollo regional.
La verdadera tragedia.
La mayor tragedia no es únicamente el dinero perdido.
La verdadera tragedia es la confianza destruida.
Porque cuando la ciudadanía observa cómo cambian los partidos, cambian los discursos y cambian los colores, pero los privilegios permanecen, surge una conclusión peligrosa:
Que el problema no era un gobierno en particular, sino una estructura política acostumbrada a administrar el poder en beneficio de minorías.
La historia económica de México desde finales del siglo XX puede resumirse en una pregunta que sigue esperando respuesta:
¿Cuántas oportunidades de desarrollo se perdieron mientras una parte de la riqueza nacional terminaba en manos de unos cuantos? Y esos unos cuantos viven felizmente fuera del país.












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