Dos cosas pesan sobre el gobernador emecista de Nuevo León, Samuel García: las múltiples denuncias sobre millonarias triangulaciones y adelantar sus aspiraciones por la presidencia.
El prian no lo perdonó y junto con los votos de Morena aprobaron someterlo a juicio político.
Sus días como gobernador del Movimiento Ciudadano están contados, ya no hay vuelta atrás, comparece o le quitan el fueron constitucional.
Quedaría indefenso ante una Fiscalía General de la República que busca hacer justicia entre tres gobernadores.
El primero es el morenista, Rubén Rocha Moya, quien se vio obligado a solicitar licencia, aunque no hay todavía pruebas que lo inculpen.
La segunda, una gobernadora panista envuelta en escándalos de corrupción y permitir la injerencia de agentes de la CIA en supuestos actos para desmantelar un narco laboratorio.
Su caso es indefendible, pero la oposición panista se resiste a entregarla a la justicia.
El tercer caso es el del emecista y naranjero gobernador, Samuel García, quien violó la ley electoral, hubo una condena del tribunal, desobedeció, se amparó y contra todo pronóstico, el prian y morena lo sometieron a juicio político.
Para la dirigencia del partido Movimiento Ciudadano, Samuel es una mancha de corrupción indefendible.
Las sospechas de su corrupción finalmente se han ido ventilando bajo la misma ruta: entrega de obras a una empresa que triangulaba los millones a favor del despacho de la familia del gobernador.
Se habla de millones y millones; miles para ser claros.
Samuel parece ser el clásico joven aspiracionista que llegó a ser gobernador y nunca midió su avaricia por embolsarse miles de millones de los impuestos de los regios.
Dicen que le creyó a su padre y en todas sus transacciones dejó honda huella de sus más corruptas acciones.
Los del prian le traen ganas de meterlo a la cárcel y Morena, aunque obligados por su dirigente nacional, decidieron dar su voto para someter a juicio al gobernador naranja.
Decían chiquito de edad, pero grande en sus pretensiones de ser un alto millonario a costa de los dineros del pueblo.
Samuel y su padre son víctimas de sus propias y desenfrenadas aspiraciones millonarias, pero a costa de los impuestos.
Creyeron que no sería posible que fuera a ser sometido a juicio político, pero ahora tiene los días contados, a diferencia de los miles de millones que ahora tiene en sus cuentas personales y familiares.












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