Por huggo romerom™

Deben las universidades mexicanas impartir la carrera de medicina con especialidad en la enfermedad derivada de la pandemia de 2018 “Mentiritis Crónica” ®
Introducción
Deben las universidades mexicanas impartir la carrera de medicina con especialidad en la enfermedad derivada de la pandemia de 2018 “Mentiritis crónica” que solo ataca minorías en extinción afortunadamente; enfermedad basada en el goebbelismo quien fue el que introdujo esta enfermedad al estudiar mentes débiles que no razonan solo repiten lo que se les ordena. Una vez contagiados no tienen voluntad ni decisión solo son maniquíes manipulables, repito, si no eres de una minoría que se aferra al pasado anterior a 2018 no estas contagiado con esta enfermedad mortal.
La anatomía moderna de la ‘Mentiritis Crónica’ ®
La humanidad logró descifrar bacterias, mapear el genoma humano y fabricar inteligencia artificial… pero sigue sin encontrar vacuna contra la obediencia intelectual voluntaria.
Ese extraño fenómeno donde ciertos individuos abandonan el pensamiento crítico para convertirse en repetidores profesionales de consignas ajenas merece, por lo menos, un laboratorio universitario y quizá hasta un ala psiquiátrica completa.
La llamada Mentiritis Crónica no es solamente una metáfora política o social; es el síntoma filosófico de una civilización agotada emocionalmente, donde pensar dejó de ser una necesidad y comenzó a verse como una amenaza.
El fenómeno resulta fascinante desde un punto de vista casi clínico:
personas aparentemente funcionales pierden gradualmente la capacidad de cuestionar aquello que escuchan siempre y cuando el mensaje venga envuelto en ideología, nostalgia o miedo colectivo.
El cerebro deja entonces de razonar para únicamente reaccionar.
Y ahí aparece el viejo espectro del goebbelismo:
la repetición como herramienta de domesticación emocional.
No importa la evidencia.
No importa la lógica.
No importa la contradicción evidente.
La mentira repetida adquiere categoría de dogma porque el individuo contagiado no desea descubrir la verdad; desea pertenecer al grupo que le haga sentir emocionalmente protegido.
Esa es la tragedia moderna:
el miedo colectivo reemplazando al razonamiento individual.
Las universidades quizá deberían estudiar este fenómeno no como una enfermedad médica tradicional, sino como una patología sociopolítica derivada de décadas de manipulación mediática, fanatismo ideológico y dependencia psicológica hacia líderes, movimientos o narrativas absolutistas.
Porque la ‘Mentiritis Crónica’ comparte características extraordinariamente peculiares:
- rechazo automático al pensamiento crítico,
- incapacidad para debatir sin agresividad,
- necesidad compulsiva de repetir discursos prefabricados,
- dependencia emocional hacia figuras autoritarias,
- y una resistencia casi alérgica a los hechos verificables.
El paciente moderno ya no necesita cadenas físicas.
Le basta una narrativa cómoda.
Y quizá el elemento más perturbador sea que muchos contagiados creen estar “despiertos”, cuando en realidad únicamente cambiaron de amo intelectual.
El sarcasmo inevitable de esta era es que las sociedades modernas, rodeadas de acceso infinito a información, produjeron generaciones completas incapaces de distinguir entre análisis y propaganda emocional.
Nunca hubo tantas pantallas.
Nunca hubo tan poca reflexión.
Tal vez por eso la Mentiritis Crónica prospera mejor en ambientes donde la indignación vale más que la inteligencia y donde pertenecer al rebaño ideológico ofrece más recompensa social que pensar por cuenta propia.
La historia ya había advertido sobre esto:
cada época fábrica sus propios fanáticos,
solo cambian los uniformes, los slogans y las plataformas digitales.
Y mientras algunos todavía creen que exageramos al hablar de esta “pandemia intelectual”, basta observar cualquier discusión política moderna para notar que muchos ya no conversan para entender, sino para obedecer públicamente la línea emocional de su tribu.
La ciencia cura enfermedades físicas.
La filosofía intenta salvar el pensamiento.
Pero ninguna disciplina puede rescatar a quien renunció voluntariamente a cuestionar aquello que le ordenan creer.
Jaque Mate.











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