Benjamín Castro
La tesis de “somos Norteamérica” y el TMEC pueden llevarnos a las guerras de Trump como maquiladores de armas
Tuvo un desempeño muy tibio, gris y sospechoso como secretario de Relaciones Exteriores de Mexico, Juan Ramon de la Fuente. En todos los casos, ante el genocidio en Gaza, la guerra de Ucrania, donde se cargó a favor de la OTAN, también en lo de Cuba (o la nueva Gaza), y ante los exabruptos y amenazas de Donald Trump contra Mexico y contra la presidenta Claudia Sheinbuam. Sin embargo, esa postura es parte de o está subsumida dentro de la “Doctrina Ebrard-de la Fuente”, la idea de que México, antes que ser un país soberano es “parte de Norteamérica” y que, por lo tanto, debe asumir el rol que le asigna el T-MEC ( y antes el TLCAN) como parte de “una región” que, supuestamente, tiene que competir con “otras regiones”, y para ello debe integrar su economía al rol que esa “alianza regional” le asigne y ser complemento de las “cadenas regionales de valor”, etc., desde los 1980s, cuando Henry Kissinger postuló el “mercado común norteamericano” el gobierno de José López Portillo lo rechazó por la obvio: México y EU son economías “asimétricas”, es decir, la de ellos es muy grande y la nuestra mucho menor. El comercio libre y sin protección, nos aplastaría como finalmente ocurrió, pues el “TLC” de 1994 fue destruyendo nuestra capacidad productiva en TODOS LOS SECTORES donde había cierto nivel o capacidad. Sea agrícola, sea industrial, sea energético, medicinas, etc. Después de que en 1994 Carlos Salinas aceptó una nueva versión de proyecto de Kissinger, el TLCAN, 10 años después de que Miguel de la Madrid inicio la destrucción de las 1055 empresas estatales que existían. El TLCAN arrasó con toda la capacidad productiva del país, en empresas publicas y privadas. El rol que se le asignó a Mexico en esa “alianza regional” fue la de proveedor de materias primas, minerales y petróleo y como reserva de mano de obra barata. Ya el 14 de septiembre del 2014, cuando Enrique Peña Nieto se disponía a destruir lo que quedaba, el sector eléctrico y petrolero, Kissinger escribió un artículo en El Financiero felicitando a Peña Nieto por “pensar como Norteamérica antes que como Mexico”.

El TLCAN y el T-MEC trajeron a México toda una legión de maquiladoras que son las que se dedicaron a “importar” productos para su elaboración o maquila en nuestro país para luego ser “exportaciones” supuestamente mexicanas y se organizaron como sindicato o pandilla en el IMMEX para no pagar impuestos de ningún tipo. Ese es el orden que defienden Ebrard y de la Fuente. En ese “rol” que a México se le asigna, ninguna de las nobles metas del Plan México de la presidente Claudia Sheinbaum, tales como: Construir corredores de desarrollo, sustituir importaciones industriales, reducir la dependencia de exportaciones tradicionales, producir los alimentos necesario para el país, impulsar la ciencia y la tecnología necesarios, construir 100 parques industriales, etc., no podrán realizarse. Y esos 100 parques industriales serán solo como “plantaciones” para la explotación de mano de obra barata. Ojalá y Ebrard acompañe a de la Fuente antes de que firme algo que someta más a México al colonialismo llamado T-MEC, donde si EU avanza hacia nuevas “guerras perpetuas” y una economía de guerra, México podría ser jalado al “lado incorrecto de la historia” convirtiéndonos en aliado de un país en bancarrota económica y moral como lo es USA en este momento, al convertirnos en país maquilador de armamento como ya lo hicieron con las plantas de VW en Alemania. Aguas!












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