Ante la revolución que avanza al interior de USA: Culpan a Cuba

Raúl A. Rubio Cano

Cada día que pasa, la indignación del pueblo de los Estados Unidos de América contra el Presidente Donald Trump y su aparato gubernamental va en aumento. La descomposición del Imperio del Yankee ya no tiene remedio y se habla del arribo de una nueva sociedad construida por las bases populares de esa nación.

Las protestas de los ciudadanos son ya de lo más diverso en las grandes ciudades y pueblos pequeños destrozados por el mal gobierno de Trump, y ello ha llevado a una creciente movilización desde las bases populares, desde organizaciones de pequeños gobiernos locales, sindicatos, ONG’s, etc., y van, mediante procesos electorales democráticos, designando funcionarios de esas organizaciones y de gobiernos verdaderamente representativos de esos pueblos y comunidades; inclusive, esos nuevos funcionarios van hasta arribando a representar a sus representados con una amplia postura socialista, y en sí, humanista, como no se había visto nunca en tal generalización en la Unión Americana, que permita llevar a esos núcleos de población del mundo indígena, rural o urbano a que sus ciudadanos tomen conciencia y se organicen para ser solidarios en sus barrios, condados y hasta estados como California, contra las acciones de destrucción humana y de la Naturaleza, que quiere seguir ejerciendo ese uno por ciento de multimillonarios sostenidos por las dinámicas de un Estado Profundo (Deep State), dictatorial y rector de las políticas imperiales para el interior de Estados Unidos y del mundo entero.

Los ciudadanos de USA están saliendo a las calles a defender sus comunidades, sus recursos naturales, su vida. Y ahí están los pueblos indios, trabajadores de muy diversas actividades industriales y de servicios, gente de color harta del racismo, migrantes mexicanos, latinos y de otras partes del orbe, ciudadanos que luchan para defender el agua, el aire, los bosques, cultivos sanos, el empleo, la salud, la educación, la recreación, su cultura, etc., y como diría V.I. Lenin: los enfrentamientos del pueblo trabajador con la policía, les eleva la conciencia de clase mucho más que cinco años de propaganda política; así, el ciudadano común, al enfrentarse a los cuerpos policiacos, y hasta el ejército, y al vivir los embates de la crisis económica en alimentación, desempleo, contaminación, salud, etc., resulta que este Pueblo Sabio Norteamericano, surge en él una verdadera Revolución de las Conciencias para ir conformando su organización sobre bases amplias y democráticas para sobrevivir de la maldad imperial, y ya hablan de que otro mundo sí es posible.

Por lo tanto, hay que reconocer que en los Estado Unidos se está viviendo una revolución en muy diversos planos como sociedad (aunque los medios masivos de comunicación no dé registro del todo de ello), y ante tan amplia movilización, organización y toma de conciencia del Pueblo, el gobierno de Trump busca desesperadamente crear una narrativa contra su propio pueblo para minimizar y descomponer la conciencia que se va logrando y tener elementos para llevar a tribunales inquisitivos a quienes crea conveniente, para generar el miedo, el terror si osas luchar por defender tus derechos, y donde uno de esos generadores de las movilizaciones que se viven en USA, según ese imperio en decadencia, son las ideas de izquierda y hasta los influjos de la Revolución Cubana.

Ante tales infundios, el Ministerio de de Relaciones Exteriores de Cuba, ha externado un “Enérgico rechazo a nueva campaña calumniosa del Departamento de Estado”, y aqui reproducimos íntegramente, el documento que lo sustenta:

Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores

Cuba rechaza, en los términos más enérgicos, el reporte publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, referido a la supuesta influencia subversiva de Cuba contra ese país. Se trata de un mediocre panfleto de propaganda. Pretende apuntalar el mensaje mendaz de que Cuba constituye una amenaza para los Estados Unidos, pretexto que dicho gobierno utiliza para el castigo colectivo y el genocidio contra el pueblo cubano. Busca, mediante la construcción de leyendas acusatorias, fabricar consenso para una eventual agresión militar.

Resulta hipócrita que el Departamento de Estado acuse a Cuba de promover acciones de subversión, cuando se conoce muy bien que es el gobierno estadounidense el que cada año destina decenas de millones de dólares de su presupuesto federal para subvertir el orden interno en Cuba, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno cubano. Lo hace el mismo gobierno que tiene un sucio historial de injerencia y violación del derecho internacional, que realiza ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales, practica el asesinato político, patrocina actos de genocidio, agrede países soberanos en todos los continentes del planeta e interfiere en los procesos electorales de Estados soberanos.

Es también hipócrita insistir en la mentira de calificar a Cuba como un Estado patrocinador del terrorismo. Es evidente que ni en este ni otro informe se pueden presentar pruebas, ni el más mínimo indicio para tan ilegítima acusación, pues no existe, como consta a las agencias especializadas del propio gobierno estadounidense. Sí es de dominio público que en territorio estadounidense han encontrado protección y total impunidad quienes financian, organizan e instigan actos violentos y terroristas contra Cuba.

Se inserta este reporte en el discurso del supuesto “terrorismo de izquierda”, novedosa concepción que el gobierno estadounidense y, en particular, su Secretario de Estado, se enfrascan en promover como el nuevo enemigo. Buscan así arremeter contra todo rasgo progresista, compromiso social o manifestación de izquierda dentro y fuera del territorio estadounidense, incrementar la represión e instaurar un neomacartismo.

Se busca, en especial, reprimir y atacar a la propia población estadounidense y atemorizar a quienes expresan sentimientos solidarios, incluyendo a quienes denuncian la injusta agresión de su gobierno contra Cuba. Se reconoce que crece en Estados Unidos, incluyendo entre los cubanos que allí viven y sus descendientes, la posición contra el cerco energético, el estrangulamiento de la economía cubana y la amenaza de agresión militar.

Insiste el Departamento de Estado en cuestionar los vínculos de Cuba con otras naciones soberanas, como si hubiera desaparecido el Derecho Internacional. Manipula y desvirtúa la trayectoria solidaria, anticolonialista e internacionalista de Cuba, ampliamente reconocida, incluso dentro de Estados Unidos. Cada año ese país sufre reiterado y contundente asilamiento en las Naciones Unidas por negarse a poner fin al bloqueo económico.

Sin poder disimular la oculta admiración por la epopeya de la Revolución cubana, el informe muestra el pavor de una superpotencia nuclear ante el ejemplo del ideal de justicia social y de defensa de la soberanía. Demuestra un complejo de inferioridad hacia un programa de país que prioriza al pueblo por encima de las élites.

Como siempre lo ha hecho, Cuba seguirá fomentando las relaciones de amistad con el pueblo e instituciones estadounidenses, en estrecho apego al derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.

La Habana, 21 de julio de 2026.

(Cubaminrex)

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