GENERACION-ZOTA

Apuntes desde el suelo

Dr. Lenin Torres Antonio

“El fin justifica los medios”, y el fin supremo de la política, en ese sentido, es el poder.

Cambiando constantemente de aparato celular, ese día estrenó un chip nuevo. Sin haber memorizado aún todos sus contactos, se ayudaba con un directorio físico. Acostumbrado a buscar solo con una mano, marcó el número del intermediario entre ellos y los del dinero y los medios. En cuanto éste contestó, le indicó que urgía verlo, que lo esperaba donde siempre y que, en un par de horas, estaría ahí.

Su ayudante solicitó instrucciones. Tan pronto colgó, Alex le pidió que preparara el vehículo más discreto. Raudo, el asistente bajó las escaleras y, ya puesto al volante, preguntó al jefe si iban al “depa” de una de “sus secretitos”. Alex, acomodándose como copiloto, confirmó con un movimiento de rostro.

El camaleón se quedaba corto ante el travestismo del susodicho líder político: pantalones amplios de mezclilla, camiseta azul y, encima, una camisa de cuadros desabrochada. Su disfraz de prole lo completaba una gorra de pelotero de los Yankees.

Al pasar frente a la UNAM, recordó sus intentos de estudiar Derecho. Le confesó a su ayudante-confidente que estuvo a punto de terminar la carrera, pese a su inasistencia y bajas calificaciones. Pero la jubilación de uno de los directivos de la Facultad de Derecho frustró sus planes, así que sus estudios universitarios quedaron truncos. Riéndose, agregó que al menos terminó la preparatoria, “no como la colega panista”.

No poseía buena memoria, excepto para los asuntos de dinero, en los que hacía alarde de genialidad. Entre plática y plática, alternaba llamadas telefónicas, principalmente por WhatsApp. En una de ellas, encolerizado, regañó a gritos a quien llevaba sus finanzas porque no hizo una transferencia a tiempo a un amigo que le redactaba los artículos publicados en varios periódicos digitales.

El “depa” quedaba al otro extremo de la Ciudad de México, por lo que tardaron al menos una hora en llegar. Tan pronto el chofer estacionó el austero Golf 2006, Alex bajó y subió al tercer piso por las escaleras. Abrió el departamento y lo primero que hizo fue acomodar y encender una grabadora de video oculta en un florero, para dejar testimonio de las conversaciones y evitar que después dijeran que mentía o incumplía su palabra. En realidad, la colocaba para tener un as bajo la manga ante cualquier contingencia que ameritara una amenaza de revelar contubernios entre adivinos.

Al igual que Alex, el vínculo con los del poder económico llegó puntual. Viendo la puerta abierta, pasó directo a la sala y se encontró con el ex todopoderoso presidente del Partido de la Reconciliación Intercultural, mejor conocido como “El Pistolita”.

Sin siquiera saludarse, fueron al grano: el enviado del poder económico llevaba una maleta de 30 kilos, ¡china! La abrió y le dijo que ahí estaba lo acordado para continuar la “guerra sucia” contra los “cerdos revoltosos zurdos de mierda”. Si necesitaba más, no habría problema. Pero también le advirtió que, si volvía a fallar, tendría que ver a dónde se iría exiliado, porque le sacarían todo su cochinero, más ahora que hasta el Poder Judicial —decía— se había ideologizado.

Alex le entregó un documento al enviado del verdadero poder: el 1% de la élite económica que detenta más del 50% del PIB a nivel mundial y local, entre ellos las grandes corporaciones de los mass media: TV Zapoteca, Tele Divisa, Radio Reformula, entre otras en México.

El documento detallaba todas las estrategias de guerra sucia contra los MORADOS, principalmente contra su líder Don Peje, hoy en retiro aparente. Él sabía que los reaccionarios y hambreados de la derecha “no tienen llenadera”, y que a su discípula le tocaba el periodo más difícil, pues el movimiento revolucionario que inició —la reivindicación de la Revolución Mexicana basada en la justicia social— afectaba los grandes intereses nacionales y extranjeros. Por lo tanto, los intentos de desestabilización serían constantes en su gobierno, pues la derecha, reagrupada en un frente común, no quitaría el dedo del renglón.

La discípula, bragada en luchas estudiantiles y movimientos sociales, y tras haber tomado un curso intensivo revolucionario al acompañarlo en el periplo que logró arrebatarles el poder a esa derecha nefasta, clasista e ignorante —cuando menos en cuanto a cultura, lo que tampoco es garantía de honestidad y humanismo—, fue subestimada por una oposición anclada en la época del marketing: aquella que creía que todo consistía en embellecer un producto humano vendible como candidato y acompañarlo con fraude electoral y un buen publicista para mantener el control del poder público. Pese a ello, logró contener los embates de una derecha enloquecida, harta de vivir fuera del presupuesto. Incluso, la presidenta pejista ha ido labrándose un prestigio y cierto respeto como mandataria, sobre todo en materia de negociación comercial con el vecino del norte, al que paró en seco en su intentona de entrometerse en los asuntos de México y operar en territorio mexicano su guerra contra el tráfico de drogas que está matando a sus ciudadanos.

El documento enumeraba los tópicos de la guerra sucia contra el pejejismo, una guerra perdida desde el origen por la ignorante derecha mexicana, basada en la consigna fascista-goebbeliana de “decir miles de veces una mentira hasta convertirla en verdad en el inconsciente colectivo”:

— Avión presidencial: Ridiculización de la propuesta de rifarlo como símbolo de austeridad.
— Cancelación del NAICM: Narrativa sobre la “pérdida millonaria” y el “capricho personal”.
— Programas sociales: Críticas por “populismo” y “compra de votos”.
— Militarización: Señalamientos por la creación de la Guardia Nacional.
— Pandemia: Narrativas sobre “miles de muertes por negligencia”.
— Desabasto de medicinas: Uso del caso como símbolo de incompetencia.
— Corrupción familiar: Caso Pío López Obrador y señalamientos a funcionarios.
— Ataques al INE: Reformas presentadas como intentos de destruir la democracia.
— Reforma eléctrica y energética: “Riesgo para la inversión”.
— Polarización: Acusación de dividir al país entre “pueblo bueno” y “fifís”.
— Casa Gris: Señalamientos contra José Ramón López Beltrán.
— Rumores falsos: Fake news sobre la salud de AMLO.
— Guerra sucia digital: Más de 30 millones de mensajes y hashtags difamatorios.
— Troll centers y bots: Operación coordinada con la oposición.
— Deepfakes: Videos manipulados de Sheinbaum.
— Caso Teuchitlán: 87,866 bots y gasto de 20 millones en cuatro días.
— Ataques religiosos y clasistas.
— Narrativa del “populismo continuista”.
— Casos como el culiacanazo y la muerte de la niña Fátima.

Sin capacidad ni imaginación para presentar un proyecto de país que compitiera con el pejejismo, la derecha permanecía fiel a una estrategia perversa y fascista: centrar su atención en temas triviales para introyectarlos en el inconsciente colectivo.

En ese marco, Alex presentó a la cúpula del poder su plan de emular el reciente movimiento juvenil que depuso al gobierno de Nepal por censurar las redes sociales y, aprovechando el asesinato del alcalde de Uruapán, Carlos Manzo, convocar a una marcha violenta contra el gobierno federal.

Bautizó la movilización como “la marcha de los sombreros caídos”, dirigida principalmente a la generación Z. Para ello, contrató empresas y operadores extranjeros dedicados a manipular redes sociales. Incluso ordenó a su “mil usos” contratar a un grupo de choque profesional, conocido como los “mafufos de la Lagunilla”.

El sumiso y gris asistente recibió la misión de organizarlos, proveerles dinero y todo lo necesario para convertir la marcha en un escenario que provocara la represión de los cuerpos de seguridad del Estado mexicano. Para cumplir la encomienda, recurrió a un amigo de la infancia, “el Pitufo”, encargado de reclutar a los más “gruesos” y “locos” para la operación.

Alex, inteligente pero torpe e ignorante, adoptó una narrativa de “perseguido político” para ocultar su historial de corrupción, enriquecimiento inexplicable, tráfico de influencias y prácticas ilícitas durante su paso como funcionario público: alcalde, gobernador, diputado, senador y ahora cacique de un pequeño ex partido político que alguna vez fue el único en el poder durante más de ochenta años. Su cerebro no daba para más, y recurría a la provocación una vez más.

A pesar de gastar una suma millonaria —y robarse una buena parte del “impuesto revolucionario fifí”—, Alex reunió menos de 20,000 asistentes: en su mayoría “jóvenes maduritos” mayores de 50 años y una reducida cantidad de jóvenes que, al ser entrevistados, no sabían argumentar su presencia ni los objetivos de la marcha. El evento fracasó, pero fue aprovechado por medios locales e internacionales para descalificar al gobierno democrático del pejejismo. Al día siguiente, a ocho columnas, los medios de derecha publicaron las fotos más grotescas y sórdidas para reforzar la narrativa de que México “estaba ardiendo”.

Así, apelando a la Ilustración como modelo político-social —democracia, Estado de derecho, libertad de expresión, derechos humanos, diversidad y pluralidad—, la narrativa política presume un basamento teórico que en la práctica choca con una realidad inspirada en Maquiavelo y Sun Tzu. La política dejó de ser el “debate de las ideas” y el buen gobierno desde la ética para convertirse en el “arte de conservar o acceder al poder”. Hoy, Maquiavelo y su Príncipe, junto con Sun Tzu y El arte de la guerra, caminan plácidos en esta “era del vacío”, dictando cátedra.

El modus operandi de los partidos y de la clase política es el mismo: aplicar estrategias para lograr o conservar el poder. Particularmente, la derecha del PRIAN y la élite económico-mediática actúan sin memoria, pretendiendo mostrarse como benévolos demócratas y defensores del Estado de derecho. Sin embargo, basta mirar su historia para reconocer que son “aquellos ladrones que se metieron a nuestras casas y nos robaron todo”, y hoy se presentan como si no fueran los mismos delincuentes de cuello blanco que provocaron la degeneración de la política y la crisis pública que aún vive México en materia de seguridad y justicia social.

El despropósito de esta oposición por volver al poder está lleno de escenas torcidas, ridículas y perversas. No les importa arrastrar a quien sea para lograr sus fines; y si tienen que recurrir a la violencia, no dudemos que lo harán. Al cabo, para ellos, el fin justifica los medios.

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